Constelaciones familiares – Perdon

¿Perdonar a los padres o a los abuelos?…
BERT HELLINGER.
Hay una psiquis familiar que viaja silenciosa e inadvertidamente a través de las generaciones controlando aspectos fundamentales de nuestra conducta. Estos procesos provienen de trastornos no reconocidos en los sistemas familiares. La mayor parte de las familias tienen secretos. Muchas familias tienen asuntos ocultos. No es a propósito, sucede porque no somos conscientes de la psiquis de nuestra familia, que gobierna muchas de nuestras conductas.
Sanación en el Alma de aquellos que han sido perpetradores y víctimas de hechos de violencia.
Los seres humanos somos tales como miembros de una comunidad de personas unidas por el destino. Y el daño que hacemos a otros miembros de la comunidad o el que le sucede a miembros de ella siempre afecta el alma de otros miembros de nuestra familia más directa o de la red familiar a la que estamos psiquicamente estrechamente unidos.
La familia y la red familiar tienen un alma y una conciencia comunes que vinculan y dirigen a los miembros de la familia de acuerdo con un orden mayormente inconsciente, de manera similar a la que el alma vincula y gobierna los miembros y órganos del cuerpo.
Es decir, el alma actúa en la familia y en la red familiar como si de un cuerpo extenso se tratara. Y de la misma manera que podemos, paso a paso y a través de la observación y de la experiencia, comprender e influir sobre los órdenes que determinan la interacción entre los diversos órganos del cuerpo, así también podemos, paso a paso y a través de la observación y de la experiencia, aclarar los órdenes que determinan la interacción entre los diferentes miembros de una familia.
En un primer lugar nos llama la atención que, al igual que el cuerpo, también la familia y la red familiar tienen unos límites exteriores. Es decir, el alma familiar únicamente vincula de esta manera especial a determinados miembros de la familia, dirigiéndolos a través de una conciencia común. Así, pertenecen a esta familia y a la red familiar: los hermanos, los padres y sus hermanos, los abuelos, a veces, alguno de los bisabuelos, e incluso antepasados más lejanos si tuvieron una suerte especial. Otros familiares, como por ejemplo primos, ya no cuentan entre ellos.
Aparte de estos parientes consanguíneos, también pertenecen a la familia y a la red familiar aquellas personas extrañas a la misma, por cuya desaparición o muerte otros en la familia y en la red familiar tuvieron una ventaja. Entre éstos cuentan sobre todo parejas anteriores de los padres y abuelos.
Sin embargo, aún existen otras similitudes entre el actuar del alma en el cuerpo y el actuar del alma en la familia y en la red familiar. De la misma manera que el alma vela por la integridad del cuerpo, también vela por la integridad de la familia y de la red familiar. Así, procura, por ejemplo, compensar la pérdida de un miembro a través de otro miembro que representa a aquél. Este es uno de los motivos por los que determinados miembros de una familia se ven implicados en el destino de otros miembros, especialmente, anteriores.
Y de la misma manera que, en caso extremo, el cuerpo tiene que renunciar a uno de sus órganos que pone en peligro la salud de los demás, así también la familia, a veces, debe separarse de uno de sus miembros si su permanencia pone en peligro a otros en la familia.
En lugar de perdonar, BH nos propone practicar el asentimiento, lo que significa decir sí a todos los que forman parte de nuestra familia, tal y como son y a todo lo que sucedió, tal y como ha sucedido.
En primer lugar, porque todos los que pertenecen a nuestra familia tienen el mismo derecho a pertenecer. Más allá de mi opinión personal (la conciencia suele dividir en buenos y malos, en el alma familiar esa distinción es trascendida)
Y en segundo lugar, porque sólo nos podemos hacer un poco más libres para lo siguiente cuando nos ponemos en paz con el pasado.
Les comparto un par de citas de BH con respecto al uso indebido o peligroso del perdón:
«Un hijo que está perdonando, está acusando al mismo tiempo a los padres, se está poniendo por encima de ellos, y pierde a los padres, su fuerza y su felicidad. En cuanto puede aceptar, decir que sí a todo lo que sucedió, tal como fue, esto se convierte en una fuerza. En cuanto lo rechaza o lo perdona se debilita, se pone por encima y a la vez queda pequeño.»
«A veces, el enfrentamiento necesario se sustituye por el perdón, pero el mismo tan sólo encubre y aplaza el conflicto en lugar de solucionarlo. Es especialmente grave el perdón cuando la víctima le perdona la culpa al culpable, como si tuviera el derecho de hacerlo. Para lograr una reconciliación verdadera, el inocente no sólo tiene el derecho de exigir la reparación y la expiación, sino incluso tiene la obligación de hacerlo. Y el culpable no sólo tiene la obligación de llevar las consecuencias de sus actos, sino también tiene el derecho de hacerlo.»

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